Debo confesar que cuando constaté que el artículo de Esther («REMEDIOS JURÍDICOS ANTE LA FALSA ATRIBUCIÓN DE LA PATERNIDAD», Derecho Privado y Constitución. ISSN: 1133-8768. Núm. 25, enero-diciembre 2011. Págs. 9-54) tenía nada menos que 91 notas a pie de página, tuve la tentación de leer el cuerpo del artículo pero saltándome las notas. Luego, me acordé de que cuando yo hacía trabajos en la Universidad, curiosamente era en las notas a pie de página donde alguna vez "enchufaba" los comentarios ingeniosos (sobre todo en las asignaturas de Ciencias Sociales que escogí como optativas: Sociología, Historia Contemporánea, etc.; supongo que eso era así porque en las de Derecho había menos tolerancia con comentarios "graciosillos"). En consecuencia, decidí darle una oportunidad a las notas de Esther, y creo que la acerté.
Si hay una nota a pie de página que ha captado mi atención ésta es, sin duda, la nota número 13. Básicamente, se refiere al hecho de que en Estados Unidos y en Gran Bretaña ya se han planteado ante sus tribunales casos en los que se ejercía una reclamación de daños contra clínicas especializadas en reproducción asistida, porque éstas se habían equivocado al efectuar la inseminación artificial y habían fecundado a la mujer con semen de otro individuo distinto a su pareja. Lo repetiré, con palabras más llanas: Una pareja va a una clínica porque quiere tener un niño de ambos. Se trata, por tanto, de inseminar a la mujer con semen de su propio hombre. Y la clínica se equivoca y la insemina con el semen de otro tío. Alucinante, ¿verdad? El dato me dejó helado, sobre todo si tenemos en cuenta estas dos consideraciones:
- 1. Si ya ha habido los suficientes casos como para que exista literatura científica sobre el tema (es decir, para que ya haya artículos, libros o estudios), es que no se trata de algo esporádico.
- Y además, ¿cómo han llegado a conocerse los que sí han trascendido? Cuando uno va a una de estas clínicas, lo hace con la creencia de que está en manos de la ciencia más avanzada y que un error es imposible. Así pues, la última cosa que hará en el mundo es sospechar luego, cuando vuelva a su casa. Y a pesar de ello, ha habido casos en los que se han dado cuenta de que algo estaba mal. Por lo tanto, ¿cuántos debe haber aun sin descubrir, precisamente porque uno jamás sospecharía de la clínica y ni siquiera se plantea que pueda haber un error?
Todo ello me conduce a daros unos consejos, de los cuales ya mientras los escribo soy plenamente consciente que no haréis ni puñetero caso. Pero aun así, mi obligación es darlos. Más que nada, es para poder experimentar más adelante aquella sensación orgásmica de cuando uno puede apuntar al otro con el dedo, y soltarle aquello de "mira que ya te lo dije"... Por lo tanto, todos aquellos hombres que estáis en el proceso de una inseminación artificial a vuestra mujer, o que podáis hacerlo en el futuro, sabed:
- Da igual lo que ella diga. En cuanto nazca el retoño, haced una prueba de ADN inmediatamente. Si os cuesta un cabreo con la mujer, pensad que es mucho peor conocer el error más adelante.
- No pongáis como excusa el dinero. Os acabáis de gastar una burrada en una clínica de reproducción asistida. ¿Me diréis ahora que os viene de 600 euros? El cochecito ya cuesta más que eso.
- Tampoco hace falta que seais cabrones... Un recien nacido es un ser que secreta excreciones y líquidos constantemente. Un simple bastoncillo empapado con su saliva bastará; por material genético no será. Así que por muy a pecho que os hayáis tomado mis consejos, una amniocentesis tampoco es necesaria. Sois padres precavidos, no unos inconscientes.
- Si el error se ha producido, es mejor saberlo ya. No es lo mismo enamorarte de esa chica y saber más adelante que es una devota del Opus, que saberlo desde el principio e irte enamorando con el roce. El orden de los factores sí tiene importancia. Primero enamoramiento y después la verdad = caca. Primero la verdad y después enamoramiento = guay.
- Además, tener esa información puede afectar a la toma de otras decisiones. No dejaréis de querer al niño si ha habido un error y no es del que ha pagado. Lo acogeréis y querréis igual. Pero en cambio sí podéis tomar la decisión de ir a por otro, esta vez sin errores. Decisión que jamás habríais tomado si no supiérais la verdad.
En fin, ya sé que parece muy fuerte tener que llegar a estos grados de desconfianza. Pero a estas alturas de la película, supongo que todos sabemos ya que hacerse adulto no tiene nada que ver con las pelis de Disney, ¿verdad? Así las cosas, uno puede lamentarse porque la vida no es de color rosa, o puede seguir los consejos gratis (¡esto sucede poco!) que le da su abogado. Yo escogería lo segundo.
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