dilluns, 17 d’octubre del 2011

En defensa del abogado de oficio

Hay muchos más topicazos referentes al abogado de oficio. Por definición, como topicazos, nos perjudican o reflejan ideas o concepciones que no se corresponden con la realidad. Arrojemos un poco de luz sobre tanta oscuridad...

Lo primero que debéis saber todos es que el abogado de oficio es alguien que:

  1. Se apunta voluntariamente a una lista.
  2. Para prestar un servicio público.
  3. En que defenderá a auténtica escoria de la sociedad, individuos que de otra manera jamás tendrían acceso a un abogado para defenderse, porque no los querría defender nadie.
  4. Que cobrará una insultante miseria por ello.
  5. Y que encima la cobrará con retraso (ahora es de unos 5 meses en Catalunya, que es de los sitios donde cobramos más pronto) y fraccionada (ahora no están pagando meses enteros sino porcentajes del 45% - 55%).
  6. Ah! Y sin poder rechazar a un cliente, a menos que sea por motivos muy excepcionales, que se conceden muy pocas veces.

Ahora que ya conocéis esta información, entenderéis que no es de recibo soltar ciertas barbaridades al pobre abogado de oficio al que le ha tocado defender a un hijo de puta de campeonato, porque ese abogado está cumpliendo con su obligación, claramente vocacional y desinteresada, que encima le supone todos los quebraderos de cabeza que enuncié en el parágrafo anterior. Ese abogado hace su trabajo e intenta hacerlo bien. No puede defender mal expresamente a un justiciable, por muy miserable, cabrón, rastrero y mala persona que éste sea. El abogado es un profesional, y el Turno de Oficio es la más dura prueba de esa profesionalidad.

El otro día en una clase del máster se nos explicó que suceden casos realmente crueles con el abogado. A una chica que hace poquitos años estaba en nuestro mismo lugar, preparándose para entrar en el Turno de Oficio, le tocó -en su primera guardia- una tentativa de homicidio. A la pobre chica, si la pinchan, no le sale sangre. Después de exponer su caso en el Colegio de Abogados, consiguió que la dispensaran de llevar esta defensa, siendo de las pocas veces que tal cosa se concede. Ahí se acabó el susto para ella. Pero mi mente enferma prefiere imaginar qué hubiera pasado si no la hubieran dispensado, y hubiera tenido que ir a ese juicio:

En la calle, a la entrada de los Juzgados, habríamos asistido a esa escena tan típica y tópica de los familiares y amigos (¡eh! Y espontáneos... que hay gente que se apunta a todo!) gritándole a esa pobre abogada aquello de «Hija de putaaaaaaaaa!!!». Habría zarandeos y empujones, y la letrada probablemente lloraría antes de haber pisado siquiera la acera. Para completar más la escena, no puede faltar el típico huevo surcando los cielos, dirigido con increible puntería y certeza hacia la cabeza de la chica, donde impacta siempre produciendo un efecto expansivo, de tal forma que un simple huevo consigue manchar pelo, cara y ropa, y todo por el mismo precio. Hasta aquí la escena ya es humillante, pero si queremos ir a por matrícula, sólo nos falta una simple paloma, que en ese momento puede pasar por allí y cagarse encima de la letrada. Parte del zurullete palomil se mezclará con el huevo, produciendo algo parecido a cemento portland, que no se irá de la cabeza de la letrada hasta la octava ducha; la otra parte caerá sobre la toga, que la letrada estará estrenando ese día después de haberla comprado (porque las togas no te las dan, amigos; o las compartes con tus compañeros, con el riesgo respecto a olores que eso comporta, o te la compras, y no son baratitas...), toga que tendrá que ir directa a la basura. ¡Ah! Y todo esto, retransmitido por la tele, para que la pobre abogada se joda aun más y se quiera morir ya...

Cuando por fin llega a su casa, sólo le falta el puñetero vecino que en ese momento está regando el césped. Seguro que le suelta alguna lindez del tipo «Joder, abogada... ¡qué bien vives! Las tres y ya has terminado de currar por hoy. Y encima montada en el dólar, eh?».

Mirad... Si en ese momento la abogada saca una katana del maletero y le corta la cabeza al vecino de un sablazo... os juro que yo mismo la defiendo. Y gratis!!!

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