Son muchos los aspectos de la vida que las nuevas tecnologías han
cambiado de forma radical, sin que ello haya supuesto ninguna debacle.
Simplemente nos hemos adaptado y ya está, aunque en un principio pudiera
parecer que el cambio nos iba a superar. Pues bien, ha llegado el momento de
hacer lo mismo con el concepto de «Despacho de Abogados», aunque para ello se
necesita un poco de colaboración de todos, principalmente de los clientes.
En una de las pocas veces en la vida en que realmente he sido visionario, yo ya me anticipé a esto hace mucho tiempo. De hecho, tanto tiempo como que ya desde el principio de la carrera -universitaria- tuve muy claro que no iba a ejercer desde un despacho en la Rambla Nova de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00. No, eso no iba a ir conmigo. Para una persona que iba a estudiar la carrera entera desde su casa, con un ordenador y una conexión a internet, ejercer de esta forma era la cosa más normal del mundo para mí. El único problema es que también lo viérais así el resto del mundo...
Pues bien, eso ya ha empezado a suceder. Hasta ahora, mi previsión sobre la inutilidad de la mayoría de gastos de un Despacho eran sólo eso, una previsión. Pero mi etapa de prácticas del máster me ha permitido constatar científicamente lo que yo teorizaba en abstracto. Y por eso, porque ahora sí tengo pruebas y datos, hago pública mi reflexión.
Fijaos en lo surrealista del caso: durante los últimos cuatro meses, me he levantado a las 8:00 de la mañana para tener que hacer un montón de operaciones (ducha, afeitado, desayuno, etc.) conducentes a permitirme encender mi ordenador portátil una hora y media después en otro lugar, el despacho de Tarragona. Además, para hacer eso, he debido transportar ese portátil desde mi casa hasta el despacho, lo que me ha exigido derrochar unas ingentes cantidades de energía para transportarlo hasta allí, en forma de gasolina quemada y de párquing pagado. ¿Resultado? Una hora y media de tiempo perdido más otra media (siempre era más, pero voy a hacer la operación a la baja) para volver a casa, gasolina gastada y párquing abonado para... encender un portátil, que ya tenía en mi casa, en un punto distinto. Dicho de otra forma: dos horas de tiempo perdidas a diario (10 en una semana; 40 en un mes!!!), gasolina gastada miserablemente y párquing pagado, para hacer algo que podía hacer igualmente levantándome a las 10:00, yendo a la habitación de al lado y encendiendo directamente el portátil.
Lo que he dicho anteriormente se aplica, evidentemente, a lo que es el trabajo de producción y redacción de escritos. En lo referente a redactar una demanda, da exactamente igual hacerlo desde el despacho de la Rambla Nova que desde mi casa; con una conexión a internet, no hay una sola diferencia. Salvo que en el primer caso se pierden 40 horas al mes en desplazamientos, se quema un montón de gasolina y se tira vilmente mucho dinero en aparcar. ¿Para qué se justifica entonces el Despacho hoy en día? Pues exclusivamente para una sola cosa: recibir a clientes. Y mi pregunta inmediata es: ¿está justificado un gasto de entre 600 a 800 euros mensuales (despacho SIN secretaria) sólo para recibir un par de clientes a la semana? Mi respuesta es: ¡ni de coña! Es una aberración económica. Además, en un despacho CON secretaria estamos hablando ya de 2.000 euros mensuales de gasto. Y añado otro inconveniente: muchas veces, lo del despacho en el centro de la ciudad sólo sirve para que empiece a "dejarse caer" gente por allí a preguntar ¿qué hay de lo mío?, que ya no te dejan hacer nada en toda la mañana y que encima son visitas que no vas a cobrar porque al no ser primeras visitas, forman parte ya de los honorarios del caso. Vamos, en resumen, una jugada pésima. La de pagar el despacho para esto.
¿Cuál es el futuro de esto? Yo lo tengo clarísimo, ya lo tenía antes, y ahora aun más: el abogado del siglo XXI va a ejercer desde su casa (o desde una cafetería, o el aeropuerto, o el asiento del AVE, o donde sea que haya un cacharro con conexión a internet) y quedará con los clientes: 1) sólo cuando sea absolutamente necesario, y 2) en lugares de lo más pintorescos. Los Colegios de Abogados ofrecen despachos comunes a tales efectos. Es una solución cojonuda a la que no tengo nada que objetar. Aunque no es la única: la cafetería de moda, la casa del cliente, el parque público, las gradas del polideportivo... cada vez más serán lugares de reunión, informales, atípicos, circunstanciales y todo lo que queráis. Pero es que ya os lo he dicho, amigos: estamos en el siglo XXI. La gente tiene su vida en el twitter y en el facebook. Una reunión con el abogado en una cafetería me parece lo menos "anormal" que veré a lo largo del día.
¿Dónde hay que "dar el salto" aquí? Debéis darlo los clientes, porque los abogados ya lo estamos haciendo. Al principio la gente se reía cuando yo decía que mi intención era ejercer desde casa, pero ahora ya han sido unos cuantos los "hijos e hijas pródigos" que han vuelto a decirme: "Papá, tenías razón...". Por lo tanto los abogados ya estamos cambiando el chip. Sois los clientes los que debéis hacer lo mismo. Sois vosotros los que tenéis en vuestras manos poner caras raras o de asco cuando os citen en la cafetería del Colegio de Abogados, o no poner ninguna cara y encontrarlo lo más normal del mundo. Al fin y al cabo, lo importante no es la reunión sino la demanda, y eso ya hemos aclarado que lo puedo hacer desde mi casa sin caer en ese derroche energético absolutamente pornográfico en los tiempos que corren que os expliqué al principio. Es decir, de vosotros, clientes, depende aplicar dosis de normalidad a esto o seguir con un modelo del siglo XIX.
Escuchad, tampoco os digo nada que sea ciencia-ficción. Mi primer cobro como abogado, mi primer caso, mi primer cliente... me pagó en un párquing al aire libre a la vista de todo el mundo. Todos llevábamos pantalón corto, conté el dinero sobre el capó, y fue la cosa más antiformal del universo. Días después, su convenio de divorcio tenía 19 páginas; el mejor convenio que ese tío va a ver en toda su vida, amén. Lo dicho, redactado desde mi casa.
En una de las pocas veces en la vida en que realmente he sido visionario, yo ya me anticipé a esto hace mucho tiempo. De hecho, tanto tiempo como que ya desde el principio de la carrera -universitaria- tuve muy claro que no iba a ejercer desde un despacho en la Rambla Nova de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00. No, eso no iba a ir conmigo. Para una persona que iba a estudiar la carrera entera desde su casa, con un ordenador y una conexión a internet, ejercer de esta forma era la cosa más normal del mundo para mí. El único problema es que también lo viérais así el resto del mundo...
Pues bien, eso ya ha empezado a suceder. Hasta ahora, mi previsión sobre la inutilidad de la mayoría de gastos de un Despacho eran sólo eso, una previsión. Pero mi etapa de prácticas del máster me ha permitido constatar científicamente lo que yo teorizaba en abstracto. Y por eso, porque ahora sí tengo pruebas y datos, hago pública mi reflexión.
Fijaos en lo surrealista del caso: durante los últimos cuatro meses, me he levantado a las 8:00 de la mañana para tener que hacer un montón de operaciones (ducha, afeitado, desayuno, etc.) conducentes a permitirme encender mi ordenador portátil una hora y media después en otro lugar, el despacho de Tarragona. Además, para hacer eso, he debido transportar ese portátil desde mi casa hasta el despacho, lo que me ha exigido derrochar unas ingentes cantidades de energía para transportarlo hasta allí, en forma de gasolina quemada y de párquing pagado. ¿Resultado? Una hora y media de tiempo perdido más otra media (siempre era más, pero voy a hacer la operación a la baja) para volver a casa, gasolina gastada y párquing abonado para... encender un portátil, que ya tenía en mi casa, en un punto distinto. Dicho de otra forma: dos horas de tiempo perdidas a diario (10 en una semana; 40 en un mes!!!), gasolina gastada miserablemente y párquing pagado, para hacer algo que podía hacer igualmente levantándome a las 10:00, yendo a la habitación de al lado y encendiendo directamente el portátil.
Lo que he dicho anteriormente se aplica, evidentemente, a lo que es el trabajo de producción y redacción de escritos. En lo referente a redactar una demanda, da exactamente igual hacerlo desde el despacho de la Rambla Nova que desde mi casa; con una conexión a internet, no hay una sola diferencia. Salvo que en el primer caso se pierden 40 horas al mes en desplazamientos, se quema un montón de gasolina y se tira vilmente mucho dinero en aparcar. ¿Para qué se justifica entonces el Despacho hoy en día? Pues exclusivamente para una sola cosa: recibir a clientes. Y mi pregunta inmediata es: ¿está justificado un gasto de entre 600 a 800 euros mensuales (despacho SIN secretaria) sólo para recibir un par de clientes a la semana? Mi respuesta es: ¡ni de coña! Es una aberración económica. Además, en un despacho CON secretaria estamos hablando ya de 2.000 euros mensuales de gasto. Y añado otro inconveniente: muchas veces, lo del despacho en el centro de la ciudad sólo sirve para que empiece a "dejarse caer" gente por allí a preguntar ¿qué hay de lo mío?, que ya no te dejan hacer nada en toda la mañana y que encima son visitas que no vas a cobrar porque al no ser primeras visitas, forman parte ya de los honorarios del caso. Vamos, en resumen, una jugada pésima. La de pagar el despacho para esto.
¿Cuál es el futuro de esto? Yo lo tengo clarísimo, ya lo tenía antes, y ahora aun más: el abogado del siglo XXI va a ejercer desde su casa (o desde una cafetería, o el aeropuerto, o el asiento del AVE, o donde sea que haya un cacharro con conexión a internet) y quedará con los clientes: 1) sólo cuando sea absolutamente necesario, y 2) en lugares de lo más pintorescos. Los Colegios de Abogados ofrecen despachos comunes a tales efectos. Es una solución cojonuda a la que no tengo nada que objetar. Aunque no es la única: la cafetería de moda, la casa del cliente, el parque público, las gradas del polideportivo... cada vez más serán lugares de reunión, informales, atípicos, circunstanciales y todo lo que queráis. Pero es que ya os lo he dicho, amigos: estamos en el siglo XXI. La gente tiene su vida en el twitter y en el facebook. Una reunión con el abogado en una cafetería me parece lo menos "anormal" que veré a lo largo del día.
¿Dónde hay que "dar el salto" aquí? Debéis darlo los clientes, porque los abogados ya lo estamos haciendo. Al principio la gente se reía cuando yo decía que mi intención era ejercer desde casa, pero ahora ya han sido unos cuantos los "hijos e hijas pródigos" que han vuelto a decirme: "Papá, tenías razón...". Por lo tanto los abogados ya estamos cambiando el chip. Sois los clientes los que debéis hacer lo mismo. Sois vosotros los que tenéis en vuestras manos poner caras raras o de asco cuando os citen en la cafetería del Colegio de Abogados, o no poner ninguna cara y encontrarlo lo más normal del mundo. Al fin y al cabo, lo importante no es la reunión sino la demanda, y eso ya hemos aclarado que lo puedo hacer desde mi casa sin caer en ese derroche energético absolutamente pornográfico en los tiempos que corren que os expliqué al principio. Es decir, de vosotros, clientes, depende aplicar dosis de normalidad a esto o seguir con un modelo del siglo XIX.
Escuchad, tampoco os digo nada que sea ciencia-ficción. Mi primer cobro como abogado, mi primer caso, mi primer cliente... me pagó en un párquing al aire libre a la vista de todo el mundo. Todos llevábamos pantalón corto, conté el dinero sobre el capó, y fue la cosa más antiformal del universo. Días después, su convenio de divorcio tenía 19 páginas; el mejor convenio que ese tío va a ver en toda su vida, amén. Lo dicho, redactado desde mi casa.