diumenge, 29 de gener del 2012

Oda a la infinita estupidez del delincuente

La historia verídica de Aerolíneas Puño

Voy con una de esas historias reales que tanto os gustan. (Bueeeno... vaaale... de acueeeerdo: una de esas historias curiosas, anecdóticas, surrealistas que tanto me gusta a mí buscar por internet, y que luego, además, tengo la suerte de que a vosotros también os encantan.) Esta historieta demuestra algo de lo que me estoy encontrando muchas pruebas, ahora que hemos empezado la parte de Penal en el máster: que la estupidez del delincuente es algo infinito, sin límites temporales ni espaciales.

En el año 1979, los U.S. Marshals (los habéis visto en las películas, pero para que no os perdáis en tecnicismos sobre las diferentes agencias federales que existen en USA, os diré que vienen a ser el equivalente de la Policia Judicial de aquí; son un cuerpo al servicio de los tribunales de justicia, y lo mismo pueden perseguir fugitivos que proteger la declaración de un testigo) recibieron la orden de poner en marcha un programa para capturar delincuentes violentos y/o peligrosos (aquellos que allí se clasifican en la categoría "Class 1", que son gente a la que NO te gustaría tener en casa cenando, te lo aseguro). Ese programa se llamó Fugitive Investigative Strike Team (o sea, FIST), «Equipo de Investigación e Intervención de Fugitivos», y operó solamente entre 1981 y 1986. En ese periodo tan breve de tiempo, las nueve operaciones FIST que se llevaron a cabo consiguieron capturar a más de 14.700 delincuentes huidos de la justicia. Unos números asombrosos.

Las operaciones FIST se caracterizaron por ser un ejemplo de lo que yo he reclamado en este blog decenas de veces: la imaginación llevada al extremo. Una de las operaciones más increibles que se llevó jamás a cabo ocurrió durante la campaña FIST VIII, en el año 1985. Cuando os lo explique, no os vais a creer que alguien pueda llegar a ser tan rematadamente tonto...

En la primavera de 1985 FIST VIII envió 200 cartas a la última dirección conocida de otros tantos fugitivos, diciéndoles que eran los ganadores de un vuelo gratis, un fin de semana en las Bahamas y 350 dólares -de la época- para gastos. La carta les decía que debían presentarse tal día en el mostrador de una compañía llamada Puño Airlines para reclamar el premio, en el aeropuerto internacional de Miami. Los chicos de FIST VIII también ofrecieron -para quien quisiera- que una limusina pasara a recoger al «ganador».

A estas alturas, alguien un poco avispado ya habría sospechado... Nadie regala nada porque sí. Lo primero de lo que aquellos lumbreras deberían haberse dado cuenta es que Puño Airlines era una compañía ficticia. Lo segundo (y esto sí es gordo) es que encima los estaban avisando: hemos quedado que las siglas del grupo de intervención eran F.I.S.T., y "fist" es la palabra inglesa para "puño". O sea, que la compañía usada como cebo se llamaba PUÑO Airlines, siendo puño = fist (el nombre del grupo de operaciones). Vosotros diréis: coño, ante algo tan evidente, no debió picar nadie... Pues, ¡sorpresa! Trece de los fugitivos llamaron para aceptar el premio y pidieron la limusina, la cual cosa permitió detenerles antes de llegar siquiera al aeropuerto. El otro detenido (al final fueron catorce) fue al aeropuerto por su propio pie, pero no terminaba de decidirse porque sospechaba algo. Cuando los agentes lo identificaron pero lo vieron indeciso, hicieron por megafonía una llamada para todos los "ganadores" del concurso. Wolfman -así se llamaba- se acercó al mostrador de Puño Airlines, raqueta de tenis en mano, donde finalmente fue detenido.

Si hasta aquí estáis alucinando con la estupidez de estos lumbreras, preparaos para el remate... En una muestra de estulticia absoluta ya, dos de los detenidos ni siquiera se dieron cuenta de que habían sido víctimas de una encerrona policial: uno de ellos llamó desde la cárcel para pedir que le cambiaran el horario del vuelo para otro día; la otra les pidió a los policías que la estaban deteniendo que dejaran el tema para la semana siguiente, puesto que estaba a punto de embarcar en un viaje de regalo (los polis ya lo sabían, cariño... ellos habían montado ese viaje!!!). Increible, ¿verdad?

Alguien puede decir que un porcentaje de éxito del 7% es bajo (200 cartas enviadas, 14 detenidos), pero yo opino todo lo contrario. Por el coste de una carta por cabeza y un letrero falso en un mostrador (y además el letrero era cutre, lo he visto), catorce indeseables que antes NO, ahora SÍ. ¿Estaban detenidos? ¿Antes? No. ¿Ahora? Sí. Exitazo total.

Conclusiones jurídicas: Si formas parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado, te acabo de demostrar que la imaginación por la que tanto abogo en mi blog no tiene límites; por el precio de un sello, un tío en la cárcel. Si eres Fiscal, no subestimes nunca la capacidad de la estupidez humana; por increible que te parezca lo que estás calificando, nunca será imposible. Si eres el abogado defensor de algún lumbreras así alguna vez en tu carrera profesional, para ti dos consejos: primero, sal de la habitación con cualquier excusa para poder partirte el culo de la risa al menos durante diez minutos; descarga toda la risa de golpe o se te escapará cuando veas a semejante tonto diciéndote "yo pensaba que el premio era de verdad...". Segundo, vuelve a entrar y confórmate con lo que sea que te ofrezca el Fiscal. Lo que sea.

Os juro que los delincuentes ya pueden dar gracias de que la estupidez no está contemplada como agravante en ningún sistema jurídico del mundo. Si en lugar de eso, la estupidez fuera delito por sí misma, pronostico que todo el sistema penitenciario mundial se iría al carajo en menos de una semana...

dijous, 12 de gener del 2012

Situaciones surrealistas

Hace unos días tuvimos el examen de Procesal Civil en el máster. Dos días antes nos "regalaron" unos textos legales, en teoría para afrontar el curso precisamente. Pues bien, la primera paradoja se produjo ya en el hecho surrealista de que el único código que no nos dieron fue precisamente la Ley de Enjuiciamiento Civil (la que necesitábamos para el examen) porque se estaba imprimiendo. Así que hubo que hacer ese examen con los códigos viejos. Yo era uno de los afortunados, pues dentro del desfase, el mío era del 2011, así que estaba poco desfasado. Los demás tenían ediciones de 2009, por lo que en un concurso de a ver quien era más desgraciadito, ellos ganaban. 

Otro de los textos que nos dieron fue la Ley de Procedimiento Laboral. No tuve tiempo de examinarla siquiera. El compañero del máster que se dedica a laboral me dijo que era la edición vieja (¡y nos la estaban regalando!), así que ya podía tirarla sin estrenarla. Sería aconsejable que no me encariñe mucho con el Código Penal que nos regalaron, ya que el PP ha anunciado que toca la típica reformita del susodicho que se produce con cada cambio de gobierno. Por extensión, a la Ley de Enjuiciamiento Criminal que iba en el pack es mejor que tampoco le pida ya el teléfono ni nada. Total, no la voy a usar... 

Yendo más atrás, hace unas semanas nos obsequiaron en el Colegio de Abogados con una bolsa llena de libros legales. Yo me fui a casa todo ilusionado. Bueno, hasta que pude examinarlos con atención luego. Una vez más, todos eran textos desfasados o infumables. La bolsa entera (que por cierto pesaba un huevo) fue directa a la basura. Bueno, mejor dicho: al contenedor de papel, que últimamente separo las cosas para reciclar y me he vuelto eco-friendly. El año pasado, por lo que he oido, regalaban carteras de piel. Francamente, ¡hubiera preferido una cartera!

Conclusión de esta primera parte: se legisla tan deprisa (ayer un profesor del máster decía "El BOE no publica, el BOE vomita..."), que no hay manera humana de estrenar un puñetero código de leyes sin que te haya caducado antes de destaparlo siquiera. 

Cambio radical de tema: Hace unos días, cuando acompañé a un compañero en la guardia del Turno de Oficio (el que me asignaron en el máster), hubo un detallito que pasó desapercibido para los demás allí presentes. Asesorando a un sujeto que se enfrentaba a una alcoholemia, mi compañero buscó en su maletín un Código Penal, lo sacó, y lo consultó para ver el abanico de penas. Yo no sólo lo encontré lo más normal del mundo, sino que yo haré exactamente lo mismo. Pero el justiciable levantó la ceja durante medio segundo sólo, extrañado. Mi compañero ni se dio cuenta. 

Los topicazos de Hollywood nos hacen muchísimo daño. A parte del topicazo por excelencia, el de que estás montado en el dólar porque la gente tiene en su mente los abogados americanos que parecen más estrellas del rock que otra cosa (cuando resulta que todos sabemos lo putas que las pasamos los abogados aquí, sobre todo para cobrar), otro tópico es el de los abogados que son máquinas de recitar. En una peli americana, un cliente pregunta "¿Cuánto me puede caer por esto?", y el abogado contesta al instante "Entre 5 y 6 años, con la condicional se quedan en 2 y medio", y sólo les falta decir "y te la concederán el martes 12 de marzo a las 4 y 23 de la tarde, que estará lloviendo"... 

Hay que decirlo clarito: a los juristas se nos enseña a interpretar la ley, no a memorizar como una máquina.  Personalmente, yo no tengo ni idea de cual es el artículo del Código Penal que regula el homicidio, ni el rango de penas posibles. Para eso, cojo el código y lo miro. Hasta un chimpancé puede memorizar un artículo. Lo importante aquí es saber interpretarlo. Saber la diferencia entre homicidio y asesinato, conocer los conceptos de "tipo penal" o "iter criminis", la imputación subjetiva y la objetiva, la jurisprudencia del Supremo sobre el tema, etc. Luego, saber el rango de penas a que uno se enfrenta, es tan fácil como buscarlo y ya está.

Para que la gente entienda esto, yo siempre pongo el mismo ejemplo. Uno puede aprenderse de memoria la novena sinfonía de Beethoven, y sabrá tocarla perfectamente. Pero sólo sabrá interpretar esa canción, por muy bien que la toque. En cambio, si uno ha estudiado solfeo, de memoria no se sabe ninguna canción. Pero con una partitura delante, las sabe interpretar todas -todas las canciones del mundo mundial y de la Historia histórica- porque sabe leer (=interpretar) música. Pues nosotros igual: yo no me sé ningún artículo de memoria, pero dame la partitura (el código de turno que sacas del maletín) y puedo interpretar (=leer) cualquier situación. 

Como a mí siempre me tocan los tarados, me lo veo venir... Cuando esté totalmente incorporado al Turno de Oficio, sacaré mi Código Penal para consultar lo que sea, y el pajarraco de turno me dirá: "Ah, ¿pero tienes que consultarlo?" En ese momento mi cerebro pensará: "Ah, ¿pero tú eres tonto?", lo sé. Lo sé porque me conozco. Estando en esta escena, sólo le pido a San Perry Mason de los cielos que me dé la fuerza suficiente para no llegar a pronunciarlo, y que simplemente responda a la tontería con una mirada fulminante y un silencio amedrentador. Todos estos años estudiando para tener que verse en éstas... 

La verdad es que entre las películas de Hollywood (que venden tópicos falsos aquí que nos perjudican muchísimo) y el legislador español (que más que legislar, putea) nos hacen nuestro trabajo realmente difícil...